Una carta de la historia de Lezuza.

“de arrobas y cuartillos de vino”

 

Por Blanca López Torres, abril de 1978

 

Muy pujante debía ser la industria del vino en Lezuza en el siglo XVI y muchos los cuartillos de vino que los lezuceños vendían, sin duda medidos sin rebosar o con medidas no muy grandes, porque Pedro Alonso, un sanclementino, comisionado por su municipio llegó hasta el Rey, entonces Felipe II, a contarle cómo los de Lezuza no eran buenos medidores. Y es que el pesar o medir bien o mal está en la mano del que lo hace y origina diferencias, éstas se acusan más cuando el patrón del peso, o medida no es el mismo, cosa muy frecuente en aquella época, porque en su origen el patrón lo dio el cuerpo humano, así para medir lo largo o ancho, el hombre utilizaba su propia talla, un brazo o los dos (brazada), un pie, (pie), un dedo (pulgada), la abertura de sus pier­nas (paso), etc., para pesar, el grano que cabía en su puño, el peso que podía transportar sobre sus espaldas, el que podía levantar con una mano o con las dos, etc., para medir los líquidos, el que podía beber, bien un hombre o dos o más y para medir la tierra la que podía arar, con una yunta de bueyes. Pero como estos patrones que el hombre cogió para medir o pesar no eran iguales en todas partes, pues no todos los hombres tienen la misma talla, ni su brazo o su paso son iguales, ni el peso de cada uno puede levantar o el líquido que puede ingerir, hizo que no solo cada nación, sino cada provincia y aún cada pueblo tuviese su sistema peculiar de pesas y medidas.

 

Por esta razón las medidas usadas en tiempos de Felipe II variaban de un punto a otro, así por ejemplo, la arroba tenía 25 libras en Castilla y 26 en Cataluña, y dentro de la libra, además de la castellana de 16 onzas estaba la medicinal con 12 onzas, pero libras había tantas que puede afirmarse que cada ciudad tenía la suya, la mayor la de Castilla con 460 gramos, le seguía la de Baleares con 407 gramos y la más pequeña la de Zaragoza con 350. Otro tanto ocurría con la cántara y en consecuencia con sus divisores, cuartilla, azumbre, cuartillo y copa, y con la vara y la fanega, tanto la de capacidad como la de superficie, siendo las aragonesas-Zaragoza y Huesca- las más pequeñas.

 

Las medidas de mayor ámbito eran sin duda las castellanas, pues por lo general regían no sólo en Castilla sino también en La Mancha, Murcia y Andalucía, por eso los castellanos tuvieron buen cuidado en conservarlas con toda pureza, creándose para ello un patrón de cada una de ellas, archivándose la vara en Burgos, la media fanega y sus submúltiplos celemín y cuartillo en Avila, la cántara y el cuartillo para líquidos en Toledo y e1 marco de peso en el Consejo de Castilla. Fueron las legales hasta el primero de enero de 1860 en que empezó a regir en España el Sistema Métrico Decimal.

 

 

Lezuza durante mucho tiempo mantuvo intensas relaciones con San Clemente, quizá por su vecindad, ya que el término jurisdiccional entre Alcaraz y San Clemente estuvo entre Lezuza y Balazote y en el pleito que aquellas mantuvieron en 1318 para fijar sus límites territoriales, un lezuceño, Pera Mynguez, fue testigo del amojonamiento; quizá porque Lezuza y San Clemente formaron parte del mismo Señorío, el que perte­neció a la gran Reina Isabel, esposa de Carlos V; quizá porque San Clemente fue con­siderada como corte de La Mancha Alta, al vivir en ella las familias hidalgas de la comarca entre ellas la de doña Catalina María de Sotomayor -casada con el Alcaide García de Pallarés, fallecido en Lezuza el 17 de diciembre de 1523- la cual era propietaria en Lezuza de una cantidad de casas, viñas, molinos, tierras de pan llevar, eras y solares de los que dio su esposo después de su fallecimiento a la hija de ambos doña Catalina, en dote, cuando se casó con don Pedro Coello, junto con su labranza, la cuarta parte de aquellos bienes; por estas y otras causas lo cierto es que entre San Clemente y Lezuza había un gran trasiego de mercancías, como consecuencia de las ventas e intercambios que realizaban los habitantes de ambas villas, pero los lezuce­ños bien fuera por influencia que les dejaran los de Aragón el tiempo que pertenecieron a este reino -que sus medidas eran más pequeñas- o porque fueren con ex­ceso avispados, lo cierto es que no debían ir las cosas muy limpias, sobre todo cuando medían el vino  que vendían a los san clementinos, y éstos que debían tener buena mano en Palacio, pues por cualquier cosa acostumbraban ir en queja al Rey, mandaron un propio para decirle que entre otros, los de Lezuza medían el vino con medidas diferentes de las usualmente empleadas, lo que sirvió al Rey para escribir la carta que se transcribe a continuación, ordenando que no sólo el vino se despachara con la medida toledana sino que la carne y el pescado fuese por libras y e1 pan con las medidas de Avila.

 

He aquí la carta de Felipe II que original se conserva en el Archivo Municipal de San Clemente, según testimonio del ilustre don Diego Torrente Pérez, la cual se halla fechada en Madrid a 4 de febrero de 1580.

 

Don Phelipe ... (siguen los muchos títulos del Rey) a todas los corregidores ... Sepades que Pedro Alonso, en nombre de la villa de San Clemente, nos hizo relación diciendo que en la ciudad de Alcaraz y su tierra y villas de El Bonillo, Leçusa, Munera y otras se medía el vino por medidas diferentes que en el marquesado de Vi­llena, donde estava la dicha villa, deviendo ser todas las medidas unas y conforme a la de Toledo, porque no obiese fraude y de ser las medidas diferentes benia mu­cho daño ...

 

Suplicándonos le mandásemos dar una carta para que el Corregidor de la dicha ciudad de Alcaraz hiciese ajustar las medidas del vino, y que ubiese fraude en ella … Lo que visto ... por quanto entre las leyes de nuestros Reynos ay una que dispone que en todos los pesos, que sean las libras yguales, de manera que ayan en cada libra 16 honzas, y esto sea en todas las mercaderías y carne y pescado y en todas las cosas que se vendiesen por lobras: yten, que toda cosa que se vendiere por arrova, que aya en cada arrova 25 libras y no más ni menos: yten, que la medida del vino, ansí de arrobas como de cántaras y açunbres y quartillos, que sean la medida toledana: yten, que todo el pan se obiere de vender y conprar, que se venda y conpre por la medida de la ciudad de Avila, y esto así en la fanegas como en los celemines o cuartillos.

 

Vos mandamos que veáys la dicha y la guardéis e cumpláis ...