La Virgen de la Cruz de Lezuza

por Luis G. García-Saúco Beléndez

mayo de 2006

 

 

 

            La localidad albaceteña de Lezuza ofrece unos orígenes históricos muy antiguos, si bien hay que señalar que constituyó una importante colonia romana, Livisosa, que en la actualidad está suministrando notables restos arqueológicos. Se dice que San Pablo predicó en aquel lugar y que allí sufrieron martirio los Santos Vicente y Leto.

 

            De cuantas devociones populares tuvo aquella villa es de destacar las que históricamente dedicó a Santa María Luciana y a la Santa Cruz. Precisamente la Ermita de la Santa Cruz que ha llegado a nuestros días tiene su origen en el siglo XVI, en los años previos a la segregación de Lezuza de la ciudad de Alcaraz, que al igual que en Peñas de San Pedro (Cruz de las Cinco Llamas) fomentó esa devoción a la cruz de Cristo, en contraposición a la profesada a la Virgen de Cortes, según hipótesis de A. Pretel ("Iglesia, religión y religiosidad ... " Al-basit nº 44). Aquella antigua ermita de la Cruz es la que después incluiría la advocación mariana y la devoción a la Cruz como una continuación de la cofradía de la Santa Cruz.

 

            Frente a lo que suele ocurrir en otras localidades, donde ciertas tradiciones nos hablan de hallazgos milagrosos de las imágenes religiosas, en el caso de la Virgen de la Cruz de Lezuza no parece existir leyenda alguna que adorne la devoción a esta imagen, es más, sabemos que en 1596 el visitador diocesano por el Cardenal Don Alberto de Austria, en sus mandatos, ordenaba que con las limosnas obtenidas en la ermita se hiciera una nueva talla que sería la de Ntra Sra. de la Cruz, a la que pronto, como consecuencia de todo lo fomentado por el Concilio de Trento (la devoción a la Virgen y a la Pasión de Cristo) se le tributaríia un especial culto que se fomentaría, cada vez más, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, sin que por el momento se conozca documento alguno que oficializara el patronazgo sobre la localidad; no obstante, pronto la imagen de Ntra. Sra. de la Cruz adquiriría fama de milagrosa entre los devotos del pueblo. La ermita, en lo alto de un cerro, a las afueras de la población, es de una sencilla arquitectura de nave única y de marcado carácter popular.

 

            En cuanto a la imagen de la Virgen de la Cruz es un grupo escultórico con la iconografía de la Piedad o de las Angustias. María, al pie de la Cruz desnuda, extiende sus brazos clamantes al cielo, mientras que Cristo muerto se desploma sobre las rodillas de su madre y dos ángeles, en pie, parecen mostrar la figura de Jesús a la contemplación del devoto. Artísticamente es un grupo de fuerza expresiva y dramatismo de un carácter ya anticlásico cercano al manierismo que anuncia el dramatismo del barroco, por tanto consideramos adecuada la fecha de ejecución de la talla en los últimos años del siglo XVI y la estética propia de inicios del XVII, aunque quizá la policromía original haya sufrido cambios y repintes a lo largo del tiempo.

 

            En cuanto a los grabados populares, aunque quizá existan algunos de fines del siglo XVIII, la estampería de esta advocación se generaliza en el siglo XIX con variados tipos litográficos, generalmente realizados en talleres de Valencia, como el que aquí presentamos (56cm alto x 40cm ancho), una obra de ciertas pretensiones que ofrece una rica orla alegórica con las representaciones de la Fe y la Esperanza que, se utilizará también en otras estampas de otras advocaciones, (Virgen de Belén de Almansa), no obstante el conjunto obtenido es llamativo y grandilocuente realizado en los talleres R.Sanchis, según aparece señalado al pie.