LAS IGLESIAS DE LEZUZA

Por Blanca López Torres Ruiz. Mayo de 1990.

 

 

Según una leyenda, Lezuza fue fundada por Hércules Líbico, undécimo rey de España, 1.784 años antes del nacimiento de Cristo, llamada por eso Libisosona en su honor -a la que alude Beroso en sus Antigüedades, historiador caldeo del siglo III antes de Cristo- y al morir Hércules Líbico, sus súbditos levantan en Libisosona un magnífico templo en su honor, que estaba situado muy cerca de donde hoy se alza semiderruido el castillo.

 

Este templo pasa por diversas vicisitudes, en armonía con las civilizaciones que se asientan en Lezuza, hasta la dominación romana, en que situado en el centro de la Colonia es dedicado a la diosa Lucina, patrona de las mujeres que estaban de parto. Con el cristianismo se transforma en templo cristiano bajo la advocación de Santa María Luciana o Santa María de la Luz Ana, viniendo a ser la primera parroquia de la que más tarde habría de ser villa de Lezuza. Los árabes lo transforman en mezquita, que dura hasta el año 1213 en que nuevamen­te es colocado bajo la advocación de la Virgen Luciana.

 

Siguió siendo parroquia hasta la erección de la actual Iglesia parroquial, en que quedó como una de las varias ermitas circundantes a la actual población y a donde se iba en procesión tres veces al año, la Purísima, 8 de diciembre; la Conversión de San Pablo, 25 de enero, y el día de San Ibo, 19 de mayo. La devoción a Santa María Luciana fue muy fuerte y arraigada, siendo objeto su templo de muchas donaciones de bienes que con el tiempo se irían vendiendo; así en 1785 fue vendida una casa pertenenciente a dicha ermita, sita en Lezuza en la calle de Catalina del Amo, por 725 reales, para con su precio reparar dicha ermita, ya que se había hundido en aquel entonces la mitad de la misma y  en 1798 fueron vendidas 53 fanegas de tierra en el sitio Hoya de la Virgen, de Encinahermosa, también propiedad de la ermita por 2.838 reales y 26 maravedíes. Esta ermita subsistió hasta el siglo pasado, en que se hundió totalmente perdiéndose con ello la devoción a Santa María Luciana.

 

Otro templo lezuceño es el dedicado a los Santos Vicente y Leto, que estuvo emplazado en el Vallejo que aún hoy se llama de los Santos, donde éstos sufrieron martirio, junto a una de las calzadas que confluían a Libisosa, a oriente de donde estuvo asentada la Colonia pero fuera de ella.

 

Su erección fue hacia el año 260, aprovechando los cristianos de Libisosa la calma que representaba el Edicto promulgado por Galieno, hasta que por los años 301 ó 302, bajo la persecución de Diocleciano, por la fama de los muchos cristianos que allí acudían, se presentó Daciano en Libisosa ordenando que a su presencia fuese derribado dicho templo.

 

En el año 316, el emperador Constantino con motivo de su primer viaje a España, visitó Libisosa, donde dispuso que se volviese a levantar el templo, quedando encargado de ello Graciano, arzobispo de Cartagena, aportando para ello el propio emperador 400 ases y el resto hasta 600, los fieles, equivalente todo a 600 libras de plata, edificando con esta limosna Graciano -según cuenta Juliano- un magnífico templo, en honor de los mártires de Lezuza, en el propio vallejo y lugar donde habían sido inmolados, siendo consagrado en el año 340 por el propio arzobispo Graciano.

 

Al invadir Leovigildo las ciudades ocupadas por los bizantinos, entre ellas Libisosa, devastó su territorio, arrasando sus pueblos y sus iglesias, por lo que por segunda vez la Iglesia de los Santos Vicente y Leto fue destruida en el año 570, para no ser levantada después.

 

La actual Iglesia parroquial empezó a ser construida el día 24 de junio de 1524 y se terminó en 1540. Fue edificada por vizcaínos, siendo su asentador Rodrigo de Lara. El claustro -situado en la parte de Mediodía, junto a la Tercia- se construyó al propio tiempo, pero hasta 1595 no fueron barbadas y puestas tejas sobre las paredes; la bóveda y el colgadizo lo hicieron ese mismo año, Juan de la Fuente, Juan Sánchez y Juan Fernández, maestros carpinteros. Más tarde, desde el 15 de diciembre de 1803 a 9 de junio de 1804 sirvió de cementerio.

 

La sacristía se empezó a construir en 1756 y debió terminarse pronto, porque en 1757 ya se colocaron dos rejas que habían fabricado los maestros herreros José Candel y Alfonso Peñarrubia.

 

En ese mismo año de 1757, don Francisco González Durán, cura propio de las villas de Lezuza y Barrax, levantó a sus expensas una capilla, pegada a la iglesia por su parte de Mediodía, para comulgatorio, la cual fue colocada bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción.

 

La cancela de la puerta del Norte fue colocada en 1751 por Diego Lucas, vecino de Valera de Abajo (Cuenca).

 

El pórtico lateral sobre la puerta del Norte, fue construido en 1779, con piedra de la cantera de El Pozuelo, poniéndose en el mismo una imagen de la Asunción y también en el mismo año se hizo la puerta de Poniente con piedra de sillería de Vara del Rey.

 

Cuando se construyó la Iglesia no se levantó torre, en su lugar se pusieron unos antepechos y pirámides, los cuales fueron derribados para alzar la torre. El anuncio mediante subasta se hizo en 1627, siendo rematante Martín de Elorriaga, costó 2.200 ducados, más tarde Elorriaga fue sustituido por un tal Alfonso, quien terminó la torre en 1629, pero permaneció sin cubrir más de un siglo, pues hasta 1787 no fue puesto el chapitel, el cual era de pizarra llevada de Alcaraz, su colocación se hizo bajo la dirección del maestro Caballería.

 

En 1629 y en hornos de ladrillo, fueron fabricadas en Lezuza cuatro campanas, dos se las llevó el capellán del Obispado de Soria y otras dos -que deben ser las medianas- subidas a la torre y colocadas por Antonio de la Fuente, maestro carpintero, por lo que cobró 4 reales. La campana grande es posterior, con un peso de 300 arrobas, fue fabricada en 1798 por Juan de la Cuesta.

 

El órgano se encargó en 1595 a Francisco Gómez, de Toledo, pero no se conoce cuándo en realidad llegó a Lezuza, porque las fuelles del mismo fueron adquiridas en Almansa en 1718.

Finalmente, el retablo fue esculpido por Josep Moller, también de Toledo y decorado por Pedro Guzmán Vez, éste de Sevilla, fue colocado en 1700 y costó 12.500 reales.

 

Hubo varias ermitas, una dedicada a San Sebastián y otra a San Cristóbal, que no se concluyeron y la de la Cruz, que es la única que se conserva, las tres en el extrarradio y dentro de la población la del Cristo de la Salud y una capilla en el Hospital de la Vera Cruz.