LOS DANZANTES DE LEZUZA

Por Blanca López Torres. Mayo 1991.

Tiene Lezuza una manifestación del arte popular, muy “suigéneris”, sin entronque con el resto de la región, que se concreta en el baile de los llamados “danzantes”, integrados por seis parejas, vestidas de blanco a la usanza antigua. La vestimenta consiste en blusa, enaguas, pantalón corto cogido por debajo de la rodilla, medias y zapatillas atadas a la pierna; en la cabeza pañuelo blanco que deja el cogote al aire; en forma de bandolera una cinta ancha con los colores de la bandera española. La música que acompaña al baile, una dulzaina y un redoblante que recuerdan los famosos chistularis y unas veces los danzantes hacer sonar unos palillos para acompasar el baile y otras se cogen a una cinta para entrecruzándose vestir o desnudar un palo clavado en tierra.

No se conoce con exactitud cuando empezaron estas danzas en Lezuza, que por sus características recuerdan ciertos bailes de las regiones españolas del norte. En el primer Libro de fábrica del Archivo Parroquial de Lezuza que se inicia en 1577 ya se alude a las mismas, las cuales tenían lugar el día del Corpus, y así se reitera en diversos pasajes del dicho Libro y de los siguientes; quizá fueron introducidas por algunos de los pobladores que asentara  Alfonso VIII, que no cabe duda había muchos norteños, a juzgar por los apellidos que aún perduran o bien fuese posteriormente cuando en los primeros años del siglo XVI un grupo de vizcaínos residieron en Lezuza varios años, dedicados a tallar la piedra y construir la iglesia parroquial. Tampoco se conoce el tiempo en que fueron trasladadas estas danzas del Corpus al día de la Cruz, aunque no cabe duda que esto fué muy posteriormente.

Las danzas en principio debieron tener sus detractores, sobre todo en el clero de Lezuza, porque cuando el Visitador de Toledo llegó a Lezuza en mayo de 1577, alguien trató –a juzgar por sus palabras- de indisponerlo con las mismas alegando que quitaban la devoción, impidiendo hasta entonces su entrada en la iglesia los sacerdotes. Pero el Visitador con visión más clara y mejor disposición, “dixo haber sido informado de la indecencia y poca devoción que se tiene de celebrar la fiesta del Samto Sacramento en cada un año a causa de no se celebrar según e como se celebra en toda la cristiandad no haciendo a las vísperas y misa, danzas y otras muchas cosas de regocijo decentes e loables, con que se provoque al pueblo cristiano a mucha más devoción”. Por tanto el Sr. Visitador “dixo daba y dio licencia para que aquel día en cada un año se pueda facer danzas a las vísperas  e antes si lo quisieren facer en el día mandó a los curas , beneficiados, clérigos de esta iglesia de esta villa que presentes se hallaren, no impidan el entrar danzas en la iglesia queriéndolas hacer, lanzando en la dicha procesión con todas las invenciones las danzas que quisieren siendo decentes y no dignas de represión y dio licencia al mayordomo de la dicha iglesia para que aquel día pueda gastar con los tales danzantes y representantes  e hasta la cantidad de 2.000 maravedíes … como encargó a los señores alcaldes ordinarios que fuesen de esta villa que los tales hagan que las calles por donde oviese de pasar la procesión estén regadas y baridas y entoldadas lo mejor que cada un vecino pudiese, según se requiere en semejante día.”