Ruta de las Ventas

 

 A lo largo del trayecto se recorrerá la mayor parte del término municipal, pasando de las cotas más altas a las más bajas y se caminará por antiguas ventas de arrieros, dando por ello este nombre a la ruta. 

 

Podremos caminar o pedalear por los diferentes paisajes de Lezuza: la vega, el monte y los campos de labor, atravesar arroyos, riachuelos y cañadas. Además se visitará Lezuza, Tiriez y La Yunquera así como otras pequeñas aldeas centenarias. Comienza esta ruta en Lezuza, en el Puente del Molinico, a la sombra de varios plátanos de enorme talla. En otoño, el color amarillo de los árboles de ribera nos ofrece un espectáculo inigualable.

 

Tomaremos el camino de la derecha (X 556091,62 Y 4311137,73), denominado de La Viñica. Durante los primeros kilómetros nuestra ruta se solapa con la Ruta del Quijote, que se señaliza con sus correspondientes balizas. Tras 2,5 km llegamos al entorno de la Casa del Vado. Desviándonos unos metros a la derecha podemos hallar un merendero con mesas y bancos en el que haremos la primera parada (X 555589,24 Y 4309274,49). No obstante nuestra ruta gira a la izquierda (X 555707,39 Y 4309172,21) remontando, entre cerros redondeados cubiertos de monte de coscojas y enebros, la Cañada de Cantacucos, afluente estacional del río Lezuza.

Llegaremos así a la aldea de Villa Rosa continuando el camino sin abandonar la cañada.

 

 

El siguiente caserío que encontraremos es la Casa de Cantacucos, en las faldas del cerro que lleva su nombre, uno de los más altos de Lezuza con 1061 m.

 

Algo más adelante pasaremos por la Casa de La Merera, que probablemente reciba su nombre de la tradicional fabricación de miera, derivado veterinario obtenido del enebro –juniperus oxycedrus o enebro de la miera utilizado por los pastores para curar la roña del ganado. El enebro, sobre todo de la especie juniperus communis abunda en nuestra comarca y en esta ruta podremos observarlo con frecuencia. Se trata de un árbol de pequeño o mediano tamaño, semejante a la sabina, sus bayas tienen un intenso aroma a ginebra ya que esta bebida se aromatiza con las arcestidas del enebro.

 

De vez en cuando podremos ver, en la margen derecha de nuestro camino, algunos ejemplares de quejigo -quercus faginea-, que aquí se denomina “roble”, pero que es un árbol diferente a los robles de latitudes más norteñas. Comparte con los robles su carácter caducifolio y con las encinas la forma dentada de sus hojas y no lobulada.

 

Se trata de un precioso árbol de gran talla, que en otoño se hace especialmente visible destacando su tono dorado entre el verde homogéneo del monte de encinas y coscojas. Un gran tesoro botánico recuerdo de los antiguos robledales del Campo de Montiel. En 2,8 km llegaremos a un cruce de caminos, que tomaremos a la izquierda (X 556077,6 Y 4304704) hasta llegar al cortijo de Casa Nueva o Casa de Pedro López, segunda parada (X 556595,75 Y 4304598, 74). Aquí encontraremos un cruce que nos desviará a la derecha en dirección a la Venta de San Miguel.

 

Unos metros más adelante encontraremos la tercera parada (X 556547,77 Y 4304199,76) donde tendremos una de las perspectivas más amplias de la provincia de Albacete: podemos ver de NE a SO, los cerros de la Sierra de Montearagón, la Atalaya de Higueruela, el cerro del Castillo de Peñas de San Pedro (1109m.), la Atalaya de la Sierra del Sahuco, la peña de El Roble (1256 m.) también de la Sierra del Sahuco, la Serranía de Alcaraz, el majestuoso pico del Almenara (1798 m) con su traje blanco invernal y el macizo montañoso de Cazorla, ya en Andalucía.

 

Esta antigua Venta de San Miguel será la cuarta parada (X 557097,32 Y 4303087,92) se encuentra en un cruce de caminos y servía para dar posada a los arrieros y sus caballerías que hacían las rutas del llano de Albacete hacia El Ballestero y el Campo de Montiel ciudadrealeño.

Se puede observar todavía en la venta un pequeño patio con cuadras porticadas muy interesante para los amantes de la arquitectura popular. También hay un pozo en los alrededores parcialmente oculto para evitar accidentes.

 

En el entorno de la Venta, cogeremos el camino de la izquierda llamado de Las Peralejas (X 557034,92 Y 4303247,39) por el que iniciaremos un descenso suave pero continuo, adentrándonos en una zona boscosa de gran valor botánico y ecológico. Aquí podremos ver buenos ejemplares de sabina albar (juniperus thurifera).

Algunas de estas sabinas, las más viejas, están horadadas por el pito real –picus viridis-, pájaro carpintero de plumaje verde y llamativa cabeza roja abundante en nuestra comarca. Más abajo, antes de entrar en la Casa de Las Peralejas nuestra ruta se solapará unos metros

con la Vereda de Los Valencianos, a la que nos referiremos más adelante.

 

Atravesando la Casa de Las Peralejas (X 559645,72 Y 4302537,82), cogeremos el “Camino del Cerro de la Venta” y andando por este camino unos ochocientos metros, nos desviaremos a la derecha (X 560643,34 Y 4301922,02) tomando el camino de la Venta de Segovia, hasta llegar a dicha venta, siendo esta la quinta parada (X 560648,43 Y 4301256,18).

 

Continuaremos nuestro recorrido hacia Los Villares localizados a unos 600 m de la Venta de Segovia. Aquí, a orillas del arroyo encontraremos restos arqueológicos muy interesantes de época ibero-romana: cimentaciones de muros, restos cerámicos, etc.

 

15

Algo más adelante nos uniremos de nuevo a la Cañada Real de Andalucía a Valencia o Vereda de Los Valencianos, que será la sexta parada (X 562900 Y 4303191,25).

 

Las cañadas y veredas reales son algo más que un camino: forman parte de la historia de nuestro territorio y a través de ellos han circulado los impulsos culturales, económicos, ganaderos, comerciales, a veces militares, que nos han configurado como pueblo. Estos caminos están vinculados directamente a la actividad histórica de la trashumancia, que consistía en recorrer grandes distancias –cientos de kilómetros- con los ganados hasta encontrar los pastos idóneos en la temporada invernal y en la estival.

 

Aunque probablemente los caminos de la trashumancia son anteriores, fue en 1273 cuando Alfonso X creó el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, que regulaba desde derechos de paso, trazados, impuestos, exenciones, indemnizaciones por daños... a la tenencia de mastines y otras labores pastoriles. Se trataba de reducir en lo posible los conflictos surgidos de la difícil convivencia entre pastores y agricultores que habitualmente tenían intereses contrapuestos, mientras que Castilla necesitaba igualmente la riqueza de la lana y la del trigo. Así, mientras que los agricultores se comprometían a respetar la anchura de los caminos ganaderos, los pastores respetarían “panes”, dehesas, huertas, viñas y prados de guadaña. Hay que tener en cuenta que el mercado lanero tenía tanta importancia, que Alfonso XI en 1347 puso bajo su protección a todos los rebaños de ovejas del reino, considerándolos una sola cabaña ganadera: la cabaña real.

 

 

La Cañada Real de Andalucía también llamada de Los Valencianos, tiene un recorrido aproximado por la provincia de Albacete de 173 kms., viniendo de Andalucía y transcurriendo por los términos de Povedilla, Alcaraz, Robledo, El Jardín en el término de Alcaraz, Lezuza, La Herrera, Balazote, Albacete, Chinchilla, Bonete y Almansa, pasando desde aquí al Reino de Valencia.

 

En el término de Lezuza esta vía pecuaria de primer orden tiene una longitud de 18.341 m. y una anchura oficial de 75,22 m.

 

Hoy en día, a pesar de que la Mesta fue abolida en 1836, las cañadas, las veredas y demás vías pecuarias siguen protegidas por la ley y su anchura y por supuesto, su trazado, han de ser respetados…. cosa que, por desgracia, no siempre es así.

Siguiendo nuestra ruta arroyo abajo, con el curso de agua siempre a nuestra derecha, si no está diezmado por los fuertes estiajes que sufre la comarca, nos cruzaremos con la carretera regional CM-313 que atravesaremos con prudencia para seguir por la Vereda hasta Las Ventas de Tiriez (X 564504, 45 Y 4305459,74). Cruzaremos también la carretera local hacia La Yunquera y seguiremos el camino que discurre por la margen derecha del río Lezuza.

 

A nuestra izquierda podemos ver los cultivos de regadío que alimenta el río: maíz –panizo-, patatas, cebollas, ajos y algo de cereal. Por este camino llegamos a la aldea de La Guardiola.

 

Aquí giramos 90º a la izquierda (X 566586,77 Y 4307410,75) para cruzar el puente sobre el río encaminándonos hacia La Yunquera.

En La Yunquera haremos la séptima parada (X 565881,93 Y 4308418) y podremos visitar la Ermita de La Virgen de La Granada, construcción datada de la primera mitad del S. XVI. En el presbiterio aparece una pintura mural fechada en 1556 que hace referencia al origen y fundación de Lezuza. Cuentan las crónicas que la reina Isabel La Católica en uno de los viajes desde el reino de Granada hacia Castilla pernoctó en esta aldea.

 

 

Desde el Pozo de La Yunquera tomaremos en dirección NO, el camino de Pardales durante unos 5 km. Aquí, el paisaje, que había empezado a cambiar en Tiriez se hace mucho más árido y estepario, será la octava parada (X 564899,31 Y 4309561,32). Por ello la fauna a estas alturas de nuestra ruta será bastante diferente, pudiendo disfrutar de la contemplación de las avutardas (otis tarda), una de las aves voladoras más pesadas del planeta, por desgracia muy amenazadas y en peligro de extinción.

 

Una vez en Pardales (X 562559,65 Y 4312879,12), en el que en la década de los cincuenta del siglo pasado, vivieron más de 60 personas, dejaremos el pozo a la derecha y seguiremos el camino hacia la Casa de los Pájaros. Antes de llegar subiremos hasta la cuerda de Mingorrubio en la que en los últimos años se ha construido un parque eólico. Desde ahí en un rápido descenso que hará las delicias de los ciclistas y será un alivio para los caminantes, llegaremos a la Casa de Los Pájaros, otra vez en la vega del río Lezuza. Aquí de forma paralela al río hay una acequia o caz que servía para mover las piedras del Molino Bustos, antiguo molino harinero que aún hoy funciona.

 

Seguiremos ahora dejando siempre el río a nuestra izquierda remontando sus aguas hasta toparnos de nuevo con la CM-313, sobre la que caminaremos unos 140 m para desviarnos a la izquierda (X 557240,57 Y 4311100,36). Aquí encontraremos otro antiguo molino llamado La Fábrica, que además servía para, mediante turbinas, “fabricar” electricidad. Desde este salto de agua se abasteció por primera vez a Lezuza de luz eléctrica en el año 1926.

 

Si continuamos por el camino paralelo a la carretera llegaremos enseguida al Barrio de San Vicente, ya dentro del casco urbano de Lezuza.