Ruta Portachuelo

El Portachuelo es una cuerda de suaves elevaciones que rodea el pueblo de Lezuza. El vértice geodésico que marca su cota máxima tiene una altitud de 1043 m. y desde toda la cuerda las vistas son excelentes. Siendo un recorrido relativamente corto, el paisaje cambia continuamente pasando de los cultivos de cereal, almendro y olivar a masas boscosas de encinas, coscojas, enebros y sabinas.

 

Esta alternancia botánica permite la vida de una variada fauna salvaje: águila culebrera, búho real, mochuelo, milano negro y real, ratoneros, alcaravanes, zorros, jabalíes, pequeños mamíferos como lirones, turones, musarañas… y por supuesto especies cinegéticas en abundancia como perdices, conejos y palomas torcaces.

 

Podremos ver en este recorrido construcciones de uso agrícola de gran antigüedad realizadas en piedra seca: chozos para “guardar las viñas” que un día proliferaron en esta zona del pueblo, “tinás” y apriscos de ganado, “parás” que se construían para evitar que las corrientes de agua pluvial arrastrasen el suelo fértil, etc.

 

El recorrido que proponemos da comienzo en el sur del casco urbano, en la carretera de El Bonillo. A los pocos metros de la antigua nave del “SENPA” tomaremos el camino de la derecha (X 555538,18 Y 4311038,38) que nos hará pasar entre varias naves agrícolas. Poco más adelante encontraremos una bifurcación que tomaremos a la izquierda (X 555190,76 Y 4310960,59). El camino por el que a partir de aquí discurriremos, es el denominado Senda del Sanguino.

  

  

Por esta senda iremos ascendiendo flanqueados por campos de almendros y cereal. Al final del invierno esta ruta es espectacular debido a que en esa época la floración del almendro está en su punto culminante.

 

Dejaremos a la derecha una zona de colmenas señalizada, que por nuestra propia seguridad nos abstendremos de molestar. Cuando caen las tardes de verano es fácil ver grupos enormes de “abejarugos” –merops apiaster- , gritones y coloridos, que se alimentan de la población de abejas de estos montes.

 

Seguiremos ascendiendo hasta llegar a la altura del parque eólico que corona todo el cerro del Portachuelo (X 554166,39 Y 4310297,16), cogiendo un camino que nos llevará, superada esta última rampa, hasta otro que discurre a lo largo de toda la cuerda del Portachuelo, a los pies de los aerogeneradores.

  

En cuanto llegamos a este camino las vistas son realmente impresionantes: el pico Almenara, los vallejos cubiertos de monte que se suceden hasta los altiplanos de El Bonillo y El Ballestero y al otro lado, las cañadas que descienden de nuevo hasta el pueblo.

 

  

Algo más adelante encontraremos muros de piedra de las “tinás” de ganado de grandes dimensiones que estuvieron en funcionamiento hasta hace pocas décadas. En su perímetro, podemos ver los estrechamientos que servían de chiquero o contadero para las cabezas de ganado.

En el siguiente cruce (X 553480,77 Y 4311183,88) giraremos a la izquierda cogiendo

el camino que nos llevará a la Casa de la Iglesia, descendiendo rápidamente y dejando el monte a la derecha del camino y cultivos de cereal o barbechos a la izquierda.

 

A poco más de un kilómetro llegaremos a la era empedrada de la Casa de la Iglesia, donde

haremos la primera parada (X 552643,76 Y 4310742), pasando un arroyo y dejando una zona de marjal a la izquierda del camino.

En dicha era se realizaban antiguamente las labores de aventado y trilla del cereal.

 

Continuaremos el recorrido a la derecha (X 552621,35 Y 4310723,65), remontando

el arroyo – Cañada de Menga -que riega el hortal de la aldea. El camino se bifurca al fondo

de esta cañada y nosotros giraremos a la derecha para llegar inmediatamente a otra zona de marjal llena de juncos que nos anuncia la presencia de agua.

Aquí podremos ver a nuestra derecha la surgencia que sirve de nacimiento al arroyo que baja a la Casa de la Iglesia y que se denomina El Pozarrón, la segunda parada (X 552621,35 Y 4310723,65).

 

Seguiremos el camino que va ascendiendo de nuevo las pendientes del Portachuelo y habremos llegado una vez más   la pista que recorre la cresta al pie de los aerogeneradores. Si

en el alto siguiésemos recto (X 553097,43 Y 4311766,93), bajaríamos de nuevo directamente

al pueblo, dándonos la opción de acortar la ruta. No obstante este itinerario continúa a la izquierda (X 553084,9 Y 4311773,95) a la sombra de los molinos.

 

Abandonaremos esta pista al llegar a un camino que arranca a la derecha (X 552888,69 Y 4312535,55), justo bajo uno de estos aerogeneradores, y que va bordeando el monte para hacernos llegar, algo más allá, a otro cruce que tomaremos a la derecha (X 553530,43 Y

4313764,39).

 

Por aquí el camino se adentra en zonas de monte más denso y baja hasta una aldea que tiene el nombre oficial de Casa de Matahermosa, pero que es más conocida como Cuarto Teta,

tercera parada (X 553841 Y 4312635). A la altura de esta aldea llegaremos al nacimiento de la Cañada de Munera. Un pozo tallado en piedra, unos abrevaderos y una pequeña nava para dar de beber al ganado quedarán a ambos lados del camino.

 

Dejamos atrás este caserío, con el monte a derecha y a izquierda y seguiremos andando sin cambiar de camino en los cruces que nos irán saliendo.

 

Tras las cuestas más empinadas, llegaremos al cruce con el Camino de la Casa de la Iglesia. Giraremos a la izquierda por el camino principal (X 554336,41 Y 4511753,96) y un kilometro y medio más adelante entraremos en el pueblo por la Calle de El Bonillo.

 

 

Ruta acortada por la Cañada de Los Mozos

 

Bajaremos del Portachuelo por una pista que deja el monte a mano izquierda, pasando cerca

de otra zona de colmenas. Llegaremos a un cruce que tomaremos a la izquierda por el camino de Lezuza a la Casa de la Iglesia.

 

Habremos llegado a la Cañada de Los Mozos. Esta cañada y los montes que quedarán a nuestra derecha –Piedra de Juan Briz- fueron el refugio que los jóvenes –los mozos- del S. XIX, encontraban para evitar ser reclutados para la Guerra de Cuba y otros conflictos

bélicos.

 

Esta zona, que en su día fue dehesa boyal, está compuesta por parcelas no demasiado grandes separadas entre sí por “parás” de piedra, muretes, lindes de chaparros y coscojas o “mangas” de monte que se adentran entre dos labores.

 

 

 

Una vez pasado un cruce en el que aún se ven tres chopos solitarios, donde en su día hubo una noria de agua, podremos ver por encima de nosotros y a nuestra izquierda un chozo en el que antiguamente se guarecían los agricultores y los pastores de las inclemencias del tiempo.

 

En otoño se hace más visible en esta parte de la ruta, los cultivos antiguos de zumaque que hoy forman pequeños bosquecillos naturalizados que cuando llega el frío adquieren

un color rojo espectacular. Si seguimos hacia el pueblo, pasaremos otro cruce en el que confluyen varios caminos diferentes. Nosotros seguiremos en línea recta por el camino de la izquierda.

 

 

Enseguida podremos ver un cuco, también de piedra y de mayores dimensiones que el chozo, que deja a su izquierda seis pinos piñoneros de buen porte plantados entre los almendros.

 

Poco más adelante entraremos en Lezuza por la Calle de El Bonillo y la Plaza de Miguel Ángel Blanco, hasta bajar a la Plaza del pueblo, finalizando así nuestro recorrido.